4.3.12

bury me beside you


El zumbido de la mosca reverberaba entre las o de la mosca reverberaba ecuatro paredes de aquella asfixiante habitación. Los rayos de sol entraban con violencia tras las ventanas llenas de moho y nos azotaba en el rostro con fuerza. Vi como fruncía el ceño, tratando de visualizarme a través de su vista borrosa. Sus pestañas, negras y largas, hacían de abanico en su cara, creando una leve brisa sobre sus mejillas sonrosadas por el calor. Las gotas de sudor creaban surcos por su rostro pálido y desmejorado. Verle así causaba estragos en mi alma.

- Leiva… - murmuró, levantando una mano. El simple esfuerzo parecía costarle la vida.

Yo se la cogí y la acerqué a mi cara. Dejé que me acariciara lentamente, que recordara mi rostro por última vez. Me debatí entre mis distintos yo: el fuerte y el melancólico. Pero decidí que no estaría bien echarme a llorar en el borde de la cama en la que estaba postrado. Eso solo empeoraría las cosas, ¿no?

- Estás muy guapa hoy – musitó débilmente, mientras colaba sus dedos por mi melena ondulada. Le sonreí con dulzura pero casi escuché partirse mi corazón.

Cerré mis ojos. Suspirando, tratando de mantener la sonrisa, pero sentí como, sin remedio, se iba desdibujando de mi cara poco a poco.

- Leiva, no llores.

¿Lloraba? Una de mis manos se posó sobre mi mejilla en un acto reflejo, empapándose. La cerré en un puño, limpiándome con rabia las lágrimas que deberían haberse quedado atrapadas en mis cuencas.


- Lo siento – le pedí perdón por mostrarme tan débil en aquellas circunstancias, pero la parte que había encerrado en mi interior para no volverme loca salió la luz y entonces no las pude controlar. Ni a mis estúpidas disculpas, ni a mis estúpidas lágrimas– Perdóname, perdóname, perdóname, perdóname, perdóname – Me golpeé en el pecho porque mi corazón empezó a trabajar de forma irregular. Dolía demasiado.

- Para, para – me dijo. Pero yo no podía parar. Todo había sido mi culpa. Él estaba así por mí. Él iba a morir por mí. ¿Cómo podía quedarme allí parada sin hacer nada, sonriéndole como si mañana el mundo volviese a brillar? No lo haría nunca más, no sin él. Yo sólo quería que me enterrasen con él y entonces todo volvería a tener sentido.

Sus brazos me rodearon como antaño. Con infinito amor, con infinita gratitud.

- No te culpo, Leiva. Ni a ti ni a nadie. No te hieras más – Me besó en los ojos, en las mejillas, en la nariz, funcionando como bálsamo para todo el dolor que estaba sintiendo.

- No me dejes, por favor. No creo que sepa vivir sin ti – sollocé apretándole con fuerza contra mí. Intenté sin éxito fusionarme con él de forma que fuésemos solo uno. Un cuerpo, un alma, un corazón. Si él moría, yo también.

- Sí sabes y lo harás. Deseo que vuelvas a sentir la felicidad en estado puro, que cumplas todos tus deseos y que vuelvas a amar con la fuerza de un tornado. Eso es todo lo que quiero para ti, Leiva. Prométeme que lo harás - Moví imperceptiblemente mi cabeza con asentimiento, pero en realidad no estaba segura de si lo lograría.

El sol empezó a esconderse y con él, la vida de Dorian empezó a apagarse. Pasé toda la noche a su lado, deseando quedarme el resto de mi vida allí. Incluso cuando el corazón de Dorian dejó de bombear, yo permanecí con mi cabeza pegada a su pecho. Recreando sus latidos una vez tras otra. Solo cuando dejé de hacerlo puede escuchar los míos. Mi corazón debía haberse saltado un latido cuando él murió, porque nunca más pude volver a escuchar la melodía tan bonita que creaba y que tanto le había gustado a Dorian escuchar.

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