Su alma estaba calcinada, o eso creía él. Ya ni de eso estaba seguro. Pero a la vez que sentía que ahora su alma era solo polvo, también sentía que su corazón se había hecho de cemento. Y le pesaba, le pesaba horrores mantenerlo en ese sucio e inhóspito hueco del pecho.
¿Cuándo había cambiado todo tanto? No se había dado ni cuenta. Se encontraba ligeramente perdido y extrañamente tampoco le importaba. Simplemente era una sensación molesta la que tenía, como el zumbido de un mosquito que se instala en tu mente y no te deja dormir.
Algo fallaba, y aunque sabía con cierta seguridad lo que era… No sabía como actuar. No tenía ganas de actuar. Entonces, echó de menos las horas de sueño, esas que le habían abandonado hacía tiempo.
Se recostó sobre su pequeña cama boca arriba, admirando cuán soso era aquel techo que le había hecho la mejor compañía desde hacía unos meses. ¿Qué había de malo en él? ¿Cuándo se había vuelto tan viejo? Estaba tan cansado…
De repente, dejarse llevar de nuevo por la corriente no le parecía tan mala idea. Sabía que no había llegado a buen puerto la última vez, pero rezó porque esta vez el viento soplase a su favor.

"Algo fallaba, y aunque sabía con cierta seguridad lo que era… No sabía como actuar. No tenía ganas de actuar". No sabes lo identificada que me he sentido con esas palabras.
ResponderEliminarSobre el resto del texto decir que es tan precioso como triste. Sentirse perdido no es una sensación agradable, precisamente. Ojalá esta vez llegue a buen puerto.